Escasez de agua: ¿el reto del siglo?

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Aunque hemos crecido teniendo toda el agua que hemos necesitado, en los últimos años hemos visto la preocupación de los estados por el mal uso de este recurso y por las cada vez más habituales sequías.

La escasez de agua es precisamente uno de los temas tratados en la COP23 – puesto que tiene mucho que ver con los efectos del cambio climático. Desde islas del pacífico como Samoa hasta países europeos como España, estamos viendo como se aproxima un capítulo en el que quizás no tengamos tanta libertad para abrir los grifos o comprar ciertos alimentos.

Pero, ¿por qué estamos ahora tan cerca de una guerra del agua?

Por todo el mundo estamos experimentando varias clases de escasez. Una de ellas es la escasez física, donde sencillamente no hay agua que pueda satisfacer las necesidades de un ecosistema o de un grupo de personas (como una ciudad o una región). Esto no solo ocurre en las regiones áridas; también en lugares en los que la demanda es superior a la disponibilidad del agua, o allá donde cada vez llueve menos y hay más sequías.


Todo esto nos afecta no solo en posibles restricciones en cuanto a nuestro uso diario de agua, sino también al precio de la comida (ya que, por dificultades climáticas, es más costoso plantar ciertos alimentos), a la salinidad y el nivel de nuestros ríos, a los animales y las plantas de nuestro ecosistema, a la pérdida de las especies nativas, e incluso al precio de la luz (ya que el agua es un recurso barato con el que generar energía).

Otra escasez es la económica, donde sí hay agua pero ésta no logra ser distribuida a la población de manera eficaz. Es el caso de muchos países del Sud, pero podría darse en plena Europa si la escasez física sigue aumentando.

Gran parte de la escasez de agua proviene del cambio climático. El aumento de las temperaturas causa más sequías, infertilidad de la tierra y evaporación de los ríos. También lo es el aumento de la población, la excesiva producción de carne y de ropa (sobre las que puedes leer aquí y aquí), y la deforestación va en serio!). Sea como sea, su importancia hace que surjan conflictos – a veces armados - por todo el mundo cuando ésta resulta escasa. Y es que todo el mundo quiere y necesita beber, cultivar, producir, limpiar.

Tal vez creas que esto de la escasez de agua es un problema muy lejano geográficamente (o temporalmente), pero no es así. El Instituto Internacional de Gestión del Agua ha publicado este mapa en el que podemos ver que, aunque hay muchos países que todavía no han sufrido la escasez, en una parte de España ya nos estamos aproximando a ella. ¡Da miedo solo pensarlo!



Según las Naciones Unidas, la mitad de la población mundial vivirá en áreas de gran estrés hidráulico para el año 2030.

Aunque mañana seguiremos abriendo el grifo como si nada, a día de hoy 120 millones de personas se ven afectadas por este grave problema. Si los gobiernos no hacen nada al respecto – y con esto me refiero a ponerse manos a la obra con la acción climática, apostando por energías renovables, por planes de reforestación y por detener el aumento de la temperatura global -, la escasez incrementará junto con el crecimiento de la población y la demanda de agua.

En la COP23 se están proponiendo estos días planes varios para detener los efectos del cambio climático; desde iniciativas en el ámbito del transporte para reducir las emisiones de CO2 a la atmosfera, hasta proyectos para recuperar y proteger la Amazonia. También se ha hecho un llamamiento desde las islas del Pacífico para implementar una ‘economía azul’ y proteger los océanos a toda costa.

Esperamos que de la cumbre salga un texto coherente con las medidas y prácticas a seguir por parte de todos los países, y que con ello podamos aliviar las sequías y la falta de recursos. Sea como sea, adicionalmente, ¡todos tenemos que poner de nuestra parte!


Nuestro estilo de vida influye en las grandes decisiones de los gobiernos. Así pues, algunas ideas que puedes implementar para ayudar a combatir la escasez de agua son: 

  • aprovechar el agua de lluvia y el agua fría de la ducha
  • reutilizar el agua de cocinar
  • apostar por moda sostenible y de tejidos como el cáñamo o el bambú
  • apostar por filtros de agua antes que por agua embotellada
  • consumir productos locales y orgánicos
  • poner en práctica los clásicos trucos caseros de realizar duchas cortas y de cerrar los grifos al lavarte los dientes (¡aún hay personas que no lo hacen!)

Reducir la contaminación del agua y mantener nuestros recursos limpios es también CRUCIAL para combatir la escasez de agua. Así pues, podemos ayudar también intentando no consumir productos desechables y cosméticos con microplásticos, utilizando productos de limpieza naturales y orgánicos, comprando sin envases cuando podamos, optando por ropa y productos cuya producción no haya sido agresiva con el medio ambiente, y siendo respetuosos cuando estemos en la naturaleza (¡incluso ayudando a limpiar nuestras playas!).

El problema es serio, pero tenemos una gran oportunidad de tomar consciencia sobre el asunto y cuidar de nuestros recursos. El agua es un derecho humano básico para nosotros, para los que viven en el otro lado del mundo y para los que vendrán después. ¡Luchemos por él!

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