Qué Pagas Realmente Cuando Compras Café de Comercio Justo

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Las tiendas de fair trade nos dan la oportunidad de pagar el precio justo por una gran cantidad de productos hechos de forma ética o cultivados sosteniblemente: fruta, chocolate, infusiones, calcetines, cestas de mimbre, juguetes artesanales… Sin embargo, el producto estrella es aquel que nos acompaña todas las mañanas: el café.

Podríamos decir que el café es uno de los productos más populares del mundo, a secas. Tras el petróleo, es el segundo sector más comercializado internacionalmente. Y no es de extrañar; ¡en otra época fue considerado una bebida revolucionaria!

Aunque es originalmente de Etiopía, su consumo se realiza mayoritariamente en países desarrollados. No obstante, para disfrutar de un buen café, este debe cultivarse en países de clima tropical. Existen dos grandes variedades de café (aunque estas tienen muchas sub-variedades): la arábica, que tiene más aroma, y la robusta, que tiene más cafeína.

Necesitan buenos cuidados, especialmente la variedad robusta, y eso suele conseguirse de manera especial cuando se aplican métodos sostenibles y responsables con el medio ambiente… algo que implementa el comercio justo por todo el mundo.


El equipo de Oxfam Intermón, por ejemplo, me contó la última vez que estuve en mi tienda local que las fases de obtención del café son clave para obtener la satisfacción de todos. Primero tiene lugar la recogida, que debe hacerse grano a grano (¿sabías que cada grano madura en un momento diferente?). Después, tiene lugar el despulpado, un proceso clave para conseguir la correcta fermentación de los granos, y después ocurre el trillado y el clasificado por tamaños, donde el café se ensaca y se exporta en el estado llamado “café verde”. Así es como en Oxfam compran el café.

A partir de ahí, la gran mayoría de cafés de esta organización son procesados en una empresa de Logroño, donde se determina la mezcla y se realizan las fases de tostado, de molienda y de envasado. ¡Y voilà! Llega a tu tienda Oxfam más cercana, deleitándote a ti con su gran calidad, protegiendo al medio ambiente, y apoyando a las familias que cultivaron el café en primer lugar para seguir siendo independientes y económicamente solventes.

Las simpáticas voluntarias de Oxfam me enseñaron que, actualmente, están colaborando  través de sus productos con cuatro productores de café distintos. Uno en Guatemala, otro en Nicaragua, otro en Etiopía, y otro en Uganda. Estos son cooperativas de segundo grado, lo que quiere decir que agrupan organizaciones de base que, por sí solas, no tendrían capacidad de negociación o para procesar y exportar el café en grano verde.

Solo con incluir café de comercio justo en tu compra, puedes apoyar hasta diez cooperativas de pequeños productores de países como Uganda. Las familias asociadas a estas cooperativas reciben hasta tres veces más dinero por sus cosechas de esta manera que vendiéndolas a través del mercado convencional.


Para la mayoría de estas familias, la venta de café es la única fuente de ingresos que tienen, y la destinan principalmente a la educación de los niños y a ir al médico cuando lo necesitan. Además, las cooperativas reciben un dinero extra que se invierte en proyectos que benefician a toda la comunidad, como escuelas, carreteras o proyectos de saneamiento del agua.

Personalmente, os recomiendo la Gama Tierra Madre, que mezcla los valores del comercio justo, la ecología y la igualdad de género. Contiene un café natural y uno descafeinado con alto porcentaje de arábica, ambos provenientes de fincas de mujeres de Nicaragua y Uganda que financian programas de género.

El programa de género de Nicaragua, en Aldea Global,  por ejemplo, busca regularizar la titularidad de las tierras a nombre de sus propietarias y, además, realiza actividades de sensibilización sobre cuestiones de género. En ACPCU, en Uganda, el programa coordina a grupos de base de mujeres que gestionan un capital en forma de microcréditos, siendo ellas mismas las que pueden solicitar uno y las que lo conceden. El compromiso mutuo, pues, cohesiona a las mujeres y, al mismo tiempo que les ayuda con pequeñas inversiones, les permite apoyarse y hacer frente a sus dificultades de género.

En definitiva: tu decisión a la hora de hacer la compra, sin lugar a dudas, marca la diferencia. Con un pequeño gesto puedes contribuir a que miles de familias  puedan vivir dignamente de su trabajo.


¿Te apuntas?

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