Guía para el activista anti-vivisección

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Es fácil sentirse abrumado con tantas injusticias en el mundo. La deforestación, la explotación infantil, la industria de la carne, la crisis del aceite de palma, los delfinarios, los circos… Cuanto más leemos sobre ello, más nos agobiamos. Nos indignamos. Nos alteramos. “Hay que cambiar el mundo… ¡Voy a cambiar el mundo!” nos decimos. Pues me parece estupendo. Es una decisión valiente, coherente, y admirable. Sin embargo, y a pesar de las buenas intenciones, solemos pasar por alto un pequeño detalle: no sabemos por dónde empezar.

La verdad es que, con Internet, hemos ganado una herramienta muy poderosa en el campo del activismo y de la libertad de expresión. Es asombroso lo mucho que se puede conseguir gracias a la organización y difusión que permiten las redes sociales, o al espacio que dan los blogs a tu voz. Tanto hemos conseguido en los últimos años, que el término activismo online es ya protagonista de varios libros y ensayos.

No todo sucede en la red, no obstante. El activismo a pie de calle sigue siendo un clásico muy necesario para cambiar las cosas.

Combinando lo mejor de ambos mundos, pues, obtenemos todo un cúmulo de maneras distintas para actuar a favor de aquello en lo que creemos. Creo que toda causa tiene sus propias estrategias, no obstante, y por eso hoy me gustaría hablar específicamente de cosas que puedes hacer para manifestarte en contra de la experimentación en animales.





Repartir panfletos, trípticos y posters es una manera sencilla y efectiva de hacer abogacía por los animales. El coste no suele ser muy alto, y muchas organizaciones proveen a voluntarios panfletos ya hechos sobre la vivisección o las condiciones de los animales de laboratorio. Normalmente los puedes pedir online, o imprimirlos tú mismo. Solo tienes que hacerte con ellos y ponerte a repartirlos en universidades, en tu trabajo, en la calle, en las tiendas…

Es una buena idea el repartir folletos allá donde puedas encontrar personas cercanas a este tema. Por ejemplo, podrías actuar en facultades de ciencias que utilizan animales en sus trabajos de investigación, o en boutiques que vendan cosméticos que han sido testados en animales, para así formar a presentes y futuros estudiantes y consumidores, respectivamente.





El organizar una protesta es algo que requiere un poco de esfuerzo, ya que se necesitan permisos y la coordinación de un enorme grupo de gente. Sin embargo, unirse a protestas ya organizadas es lo más sencillo para un activista novato. Puedes asistir a organizaciones locales, a protestas en una universidad, a aglomeraciones delante de laboratorios o institutos de investigación…

Las protestas no suelen cambiar la opinión pública, pero se hacen eco en los medios de comunicación. Y, por desgracia, estas son de las pocas veces que temas como la vivisección tienen voz en prensa o televisión. No solo ayudan a que el tema permanezca vivo, sino que también pueden inspirar curiosidad y reclutar a más activistas.

La aparición de las protestas en los medios, además, debería ser como resultado de un espacio en el que los ciudadanos puedan tener voz y expresar injusticias, y no como una percepción extrema y radical.




El sector cartas y peticiones es importante porque ayuda a informar a políticos, alcaldes, legisladores y jurados sobre temas que importan a los ciudadanos. Y, todavía más importante, informan sobre qué quieren los ciudadanos. Muchas peticiones han sido un gran éxito en contra de construcciones altamente contaminantes, acciones legales que perjudicaban a los animales, o propuestas que parecían hechas expresamente en contra del medio ambiente.

Muchas organizaciones realizan peticiones para la mayoría de sus campañas, pidiendo apoyo online para meter presión a aquellos “peces gordos” que se ríen maquiavélicamente mientras se frotan las manos y curiosamente no atinan una a la hora de hacer lo correcto.





No hay nada más armónico que alienar nuestras creencias con nuestras acciones. Así pues, el paso más básico y esencial para boicotear la experimentación con animales es comprar productos que estén correctamente certificados como cruelty-free, o libres de crueldad. Puedes consultar algunas listas oficiales, como las de Leaping Bunny o Animal Defenders International, o algunas que no son oficiales pero sí altamente fiables, como The EthicalElephant o Cruelty Free Kitty.

Sé que no es posible para todo el mundo convertirse en el perfecto consumidor cruelty-free de la noche a la mañana, pues a veces faltan recursos económicos o de accesibilidad. O simplemente, conocimiento. ¿Por dónde empiezo? ¿Me puedo fiar de esta marca? ¿Cómo sé si este producto ha sido testado en animales? Tranquilo.

Se empieza con lo básico: dejar de consumir productos de marcas que sabes que experimentan con animales. No pasa nada si tienes pasta de dientes de Colgate acabado de empezar; puedes terminarlo tranquilamente, y proponerte buscar una alternativa para cuando se te termine.

A continuación, pues, cuando tengas que comprar algo nuevo, busca productos cruelty-free. Pero, ¿cómo sé cuáles son libres de crueldad de verdad? Lo más fácil es buscar un sello oficial, como el del Leaping Bunny, o confirmar marcas en páginas online.

Muchas veces, no obstante, las páginas web de algunas marcas de cosméticos dan información vaga o confusa que no termina de revelar si son completamente cruelty-free o si han experimentado con animales en algún momento del proceso de fabricación de sus productos. Algunas veces, de hecho, ni siquiera mencionan el tema.

Así pues, una de las maneras más efectivas de conocer la realidad de una marca en específico es contactar directamente con ésta. Vicky, de The Ethical Elephant, realiza esta práctica de manera habitual. Envía preguntas precisas a varias marcas y compañías, y según la respuesta que obtiene, determina si son cruelty-free de verdad o no, independientemente de lo que digan en sus páginas web.

Para obtener la información necesaria, las mejores preguntas son:

¿Su compañía testa sus productos en animales?
¿Su compañía testa sus ingredientes en animales?
¿Su compañía encarga a terceras personas testar sus productos o ingredientes en animales de su parte?
-        ¿Su proveedor de ingredientes experimenta en animales? ¿Cómo pueden verificarlo?
-        ¿Su compañía vende sus productos en países que requieren por ley ser testados en animales?

Es esencial que las preguntas sean precisas para que las respuestas no omitan ninguna información. Pero cuidado, porque muchas veces lo importante no es lo que las compañías dicen, sino lo que no dicen, o la manera en cómo lo dicen.

Una vez sepas en qué productos puedes confiar, puedes pasar a la etapa final: la de sustituir, poco a poco, los productos que tienes por marcas que no hayan testado en animales. Se empieza despacio, cambiando uno por uno los ítems a medida que se te van acabando o rompiendo. Así pues, si se te acaba el desodorante, en vez de comprar Sanex, puedes hacer un pedido en las opciones naturales que tiene Veggie Room. O si se te ha terminado la pasta de dientes, puedes lanzarte a probar las pastillas dentífricas de Lush.



Cada acción que realices importa, y cuanto más hagas, más contribuirás a terminar con las espantosas prácticas en animales. Recuerda: siempre hay alternativas que no implican sufrimiento y tortura. La elección está en tus manos.


Fotografías: I, por Julochka, and II, por Igualdad Animal

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